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Cómo gestionar la ira: estrategias para canalizar la rabia de forma saludable

Aprender a gestionar la ira no es eliminarla, sino transformarla en una herramienta de crecimiento.

¿Qué es la ira y por qué aparece?

La ira es una emoción básica natural que sentimos las personas. Aparece en la primera infancia y va evolucionando hasta la etapa adulta. Es una emoción más desagradable de sentir que otras, pero su función es igual de importante.

Aparece cuando la situación no es cómo deseamos o de la manera que nos gustaría. De esta manera nos prepara para ser capaces de actuar ante las circunstancias que debemos afrontar. Nos da la energía y valentía necesarias para enfrentarnos a una situación que nos resulta injusta.

Desde los primeros años de vida en los niños aparece con el llanto, las peticiones continuadas, las protestas, los gritos y los golpes como forma de manifestar su enfado y tratar de conseguir aquello que quieren.

Conforme van cumpliendo años, su propia evolución y el acompañamiento de los adultos, los niños van aprendiendo a gestionar esta rabia y a manifestar la ira de otras maneras. En la adolescencia, por ejemplo, expresan su ira a través del lenguaje con un repunte de la impulsividad y la fuerza física.

Cuando la persona llega a la etapa adulta puede tener herramientas para expresar su ira de manera positiva y adaptativa o, bien, puede actuar utilizando aquellas maneras que conoce conforme aprendizajes hechos en etapas previas.

 

Tipos de ira: funcional vs disfuncional

La ira es una reacción normal que surge de manera espontánea y que podemos llegar a regular si disponemos de las herramientas adecuadas. Dentro de que todas las personas experimentamos la emoción de la ira, hay ocasiones en la que ésta puede ayudarnos y otras en la que nos perjudica.

La ira funcional: una herramienta de autoconocimiento

Aparece el sentimiento de ira canalizado. Se trata de sentir la ira como cualquier otra emoción, sin que llegue a acaparar toda tu atención y a desbordarse. Te permite identificar qué estás sintiendo, de dónde viene esa rabia y para qué aparece. Puedes actuar sin dejarte llevar al completo por ella. Puedes expresar tu sentimiento a los demás de manera asertiva y encontrar la manera de recobrar la calma.

La ira disfuncional: cuando la emoción se descontrola

Aparece de manera abrupta haciendo que te dejes llevar por esta emoción. No da cabida a nada más e interfiere en lo que está ocurriendo dando lugar a consecuencias que inicialmente no buscas. Puede hacer que trates de manera inapropiada e irrespetuosa a los demás o interrumpas aquello que se está haciendo. Es frecuente que se actúe de manera diferente a lo esperado o se digan cosas con las que no se está del todo de acuerdo y, que desde un lugar de calma no se dirían, generen nuevos conflictos.

 

Consecuencias de la ira mal gestionada

Efectos en la salud física

El sentimiento de rabia provoca una subida del cortisol, la hormona del estrés.  Esta hormona, durante periodos breves de tiempo, te ayuda a enfrentarte a la situación que tienes delante y para la que necesita mayor despliegue de recursos. Sin embargo, de manera prolongada hace que tu sistema de alerta esté activado continuamente provocando mayor desgaste mental y físico. Un estado de estrés continuado favorece la inflamación, muy ligada a diferentes problemas de salud. También puede aparecer tensión muscular, taquicardias, respiración más rápida…

Impacto en la salud mental

Dar rienda suelta a la ira sin ningún tipo de límite puede convertirla en la emoción protagonista, haciendo que te quedes con aquellos detalles que no te gusta de cada situación y de cada persona. Mostrándote más agitado e irritado y menos comprensivo ante personas y situaciones diversas.

Deterioro de las relaciones personales

Una reacción de ira desproporcionada puede generar miedo en otras personas o hacer que se sientan coartadas ante esta actitud. Determina el curso de lo que está ocurriendo. Además, tiene una consecuencia a largo plazo, y es que las personas de tu alrededor que conocen tu reacción pueden tratar de evitarla, mostrándose desconfiado y tomando distancia.

 

Ira en el entorno laboral

La ira también puede aparecer en el entorno laboral. Si trabajas con equipos de trabajo o en servicios destinados a personas esta ira puede afectarte de manera directa. Es importante saber comunicar aquello que no te gusta y establecer límites de una manera que os permita cooperar.