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Redes sociales y salud mental ¿cómo afectan a nuestro bienestar emocional?

Las redes sociales no son negativas por sí mismas, pero su uso excesivo o inconsciente puede tener efectos perjudiciales en la salud mental.

El impacto psicológico de las redes sociales

Las redes sociales están muy presentes en la vida de todos nosotros. Tanto es así, que su uso interfiere con el cuidado de la salud mental.

Actúan como canales de comunicación, socialización e influencia. El contenido que se sube y se comparte es constante, por parte de marcas e influencers, pero también de perfiles anónimos. Su objetivo es conseguir visualizaciones, reacciones, comentarios y llegar a más perfiles.

De esta manera, buscan crear un contenido que lo diferencie del resto por sus expectativas, mensajes escandalosos, fotografías llamativas… cualquier estrategia es buena para llamar la atención del consumidor.

 

¿Por qué las redes sociales abruman?

El cerebro no está programado para recibir y procesar tanta información en tan poco tiempo. Y menos tan novedosa, llamativa e impactante.

  •  Es esperable que muchas personas se sientan abrumadas cuando consumen contenido de redes sociales y necesiten un tiempo de reposo a posteriori.
  • A otras, sin embargo, les absorbe tanto la atención que les aísla de la realidad que les rodea. Cuando no están conectadas necesitan mayor estimulación para disfrutar, más velocidad y novedad… todo lo contrario al ritmo natural del día a día.

De esta manera se acaba generando la necesidad de estar siempre conectado y al día de cualquier novedad, moda o información que se publique. Llegando a aparecer síntomas de ansiedad ante la necesidad de no poder perderse nada, lo que se conoce como fomo (fear of missing out) o miedo de quedarse fuera.

 

Redes sociales como escaparate de la felicidad

Las redes también actúan de escaparate ante los demás. Hay una base biológica en la tendencia de las personas de mostrar a los demás una buena apariencia. Este resultado se suele trasladar a redes sociales, donde los perfiles comparten exclusivamente contenido de vivencias agradables y emociones positivas: alegría, disfrute, felicidad, amistades, parejas, compañía, planes, viajes… Es totalmente irreal creer que una persona únicamente experimenta este tipo de situaciones, pero consumir este contenido continuamente de un perfil tras otro traslada al cerebro la idea de que los demás se sienten mejor, están mejor rodeados o tienen vidas más interesantes. Se produce una comparación, idealizando la vida del resto y quitándole valor a la propia.

 

Comunidades virtuales vs relaciones reales

De hecho, en ocasiones las redes pueden actuar enmascarando síntomas de depresión. Donde se sube la foto que es tendencia acompañada de sonrisas, frases motivadoras y la canción de moda, esperando una buena acogida de los followers… puede esconder en realidad un bajo estado de ánimo prolongado en el tiempo.

Hay que tener en cuenta que el ser humano tiene la necesidad de pertenecer a diferentes grupos sociales. Esta necesidad también se plasma dentro de las redes, donde se crean comunidades virtuales de personas que comparten una tendencia. Las comunidades actúan como medio para acercar personas, entablar relación y comunicarse. Es importante saber que pueden aparecer dificultades cuando las comunidades virtuales suplantan completamente la pertenencia a grupos reales, cuando la interacción con otras personas es prioritariamente a través de redes sociales y se produce un aislamiento con las personas de tu alrededor. En estos casos la persona puede experimentar inseguridad y síntomas de ansiedad ante relaciones sociales reales, falta de recursos sociales o disminución de la autoestima.

 

Conclusión: uso consciente

Las redes sociales no son negativas por sí mismas, pero su uso excesivo o inconsciente puede tener efectos perjudiciales en la salud mental. Ser conscientes de cómo nos afecta el contenido, establecer límites y fomentar relaciones reales fuera del entorno digital son claves para mantener un equilibrio emocional saludable.