El papel de la tecnología en nuestra vida cotidiana
En las últimas décadas las nuevas tecnologías se han abierto camino para estar continuamente presentes en nuestro día a día.
Las tecnologías están muy ligadas a la comodidad y a la inmediatez. Dentro del móvil, por ejemplo, tienes acceso a cientos de aplicaciones que en segundos realizan su función permitiéndote: comunicarte, ver contenido audiovisual, mirar la hora, ubicarte en la ciudad, llamar, informarte… cuando hace unos años necesitabas objetos diferentes para ello y más tiempo para conseguirlo.
Para realizar una tarea sencilla necesitas planificación e invertir tiempo para obtener el resultado esperado. En la actualidad puedes obtener el resultado con dos toques en tu teléfono. Las tecnologías permiten que las personas cubran sus necesidades de una forma diferente. A pesar de aportarnos muchos beneficios, estos cambios también influyen en la química cerebral.
¿Por qué el uso del móvil puede causar ansiedad?
En primer lugar, la multitarea está directamente ligada con la ansiedad. En el tiempo que antes hacías una tarea ahora puedes hacer varias. Esta rapidez hace que en muchas ocasiones las personas tiendan a la multitarea para ahorrar todavía más tiempo: consultar el periódico mientras contestas a un amigo, colgar una foto mientras miras el tiempo, cocinar mientras miras tiktok… Con la multitarea el cerebro necesita invertir más energía de la habitual y, a largo plazo, acaba siendo contraproducente.
En un mismo dispositivo estás conectado a diversos aspectos diferentes de tu vida, pueden llegar notificaciones sobre tu trabajo, tus amigos, tu banco, del colegio de tus hijos, el gimnasio… que estas notificaciones puedan llegar en cualquier momento del día te mantiene continuamente conectado.
Ya no son las notificaciones o llamadas, sino que cualquier persona puede ponerse en contacto contigo en cualquier momento para hablar. Es normal que muchas veces sientas la necesidad de contestar cuanto antes, aunque estés dedicado a otra tarea o no sea el momento idóneo para iniciar esa conversación. Se da prioridad a responder a ese mensaje, antes de tener en cuenta el espacio en el que te encuentras, si es el momento oportuno, qué emoción experimentas o si te apetece responder. Está dinámica continuada nos convierte en personas disponibles las 24 horas, cuando la realidad no es esa.
Este fenómeno de querer permanecer cerca del móvil, buscarlo inmediatamente si no se sabe dónde está, estar al corriente al momento de cualquier notificación o leer cualquier mensaje independientemente de la hora te hace estar pendiente durante todo el día, interfiriendo con el resto de tareas primordiales que necesitas llevar en tu jornada. Limita la atención a lo que realmente está ocurriendo a tu alrededor e interrumpe actividades básicas como una conversación o el descanso, dando lugar a la aparición de ansiedad.
Redes sociales y salud mental: ¿conexión o desconexión?
Las redes sociales han modificado totalmente la manera de relacionarnos con los demás: compartir contenido con las personas de tu entorno, mostrar a un público fotos personales, ver quien tiene intereses similares a los tuyos, reaccionar con emoticonos, realizar planes o incluso conseguir pareja.
Esta nueva forma permite establecer conexiones con muchas personas desde la distancia y la comodidad. No obstante, las personas necesitamos establecer relaciones reales: en un espacio físico donde exista una interacción con personas conocidas o desconocidas, que permita intercambiar información, elegir tu lenguaje verbal, donde la otra persona pueda mirarte a los ojos, prestarte atención, ver tu reacción, escuchar tu mensaje y darte una respuesta.
Es frecuente que la comunicación por redes sociales sea la vía de elección para personas que no se sienten cómodas estableciendo interacciones con otros, prefieran la rapidez, experimenten timidez o se sientan inseguros… por lo tanto, experimenten síntomas de ansiedad cuando deban enfrentarse a situaciones sociales reales.
A su vez, las redes sociales se utilizan como un escaparate en que mostrar los aspectos más bonitos, esperables y positivos que tiene una persona en su vida. Generando una comparación constante con la vida de otros y una necesidad de validación. Además de crear expectativas sobre el ideal que se espera alcanzar, no siempre saludable, deseado o real, lo que aumenta los síntomas de ansiedad.
Para finalizar, han eliminado el aburrimiento ya que aportan una distracción constante. Cuando el cerebro de las personas necesita tener periodos de inactividad y aburrimiento que pueden desencadenar en descanso o creatividad. Esta distracción ofrece estimulación continuada a la carta impidiendo un proceso básico en nuestro desarrollo, manteniendo una actividad constante, incluso llegando a la sobreinformación, para la que no estamos preparados.